martes, 2 de diciembre de 2008

Cinco años sin Quinn

Con el mismo dolor del primer día.

Entre bostezos y con fastidio apagó el despertador a las 6.30. Sabía que al molesto sonido de la alarma le seguía otro aún más irritable, la voz de su mamá apurándolo para que fuera a desayunar antes de ir al colegio. Dios no quisiera que un hijo suyo –el único que Isabel tenía- saliera a la mañana con el estómago vacío.

Isabel era de esas madres que perseguía a su hijo hasta encontrarlo. Cualquier demora la inquietaba. No le daba vergüenza comenzar con el tedioso trabajo de agotar uno por uno los nombres de la agenda con los números de los amigos de su hijo. Sin necesidad de las tecnologías celulares ella lo encontraba.

Mariano estaba acostumbrado al acecho de su mamá. Esperó en vano la llegada de hermanos con los que repartir los agotadores cuidados maternos. A lo sumo, cuando algún amigo nuevo hacía alguna mueca ante la actitud cazadora de Isabel, él respondía casi automáticamente, “es que mi mamá es grande”.

Isabel había buscado quedar embarazada durante mucho tiempo. Bajita y menudita, no fueron pocas las personas que pensaron que era enana. Pero ella lo negó siempre terminantemente y estaría dispuesta a mostrar sus manos que comprueban, según teorías médicas – que la ciencia en esto no se equivoca-, que solamente es una mujer que nunca pegó el estirón.

Mariano, Quinn para los amigos, ya que nos vamos haciendo cada vez más conocidos a medida que avanza el relato, había heredado las piernas cortas de la madre. Tenía el cuerpo de un adolescente medio, pero las piernas cortas delataban que algo no era como debía. Más de una vez dijo a sus confidentes que había averiguado todo acerca de una operación para estirarse las piernas, pero debían romperle los huesos de las extremidades inferiores y la recuperación era muy traumática.

Esa mañana no parecía diferente a ninguna otra, a no ser porque ése era el día en que Quinn iba a morir. Claro que como él no lo sabía, miró al calendario y lo único que lo sobresaltó fue que faltaban sólo dos días para el cumpleaños de su mejor amigo, Federico, el 14 de noviembre.

Fede había sido por mucho tiempo su único amigo. Aunque no lo decía, en realidad Quinn siempre envidió a Fede su actitud segura, su cuerpo voluptuoso marcado por el entrenamiento en la pileta, su inteligencia. Quería ser Fede.

Mariano no era una persona atractiva. Tenía la nariz aplanada, una larga frente, grandes encías y las marcas del acné que lo acompañó toda su adolescencia. A diferencia de Fede, su casa era humilde y las cosas siempre costaban más.

En la vida de Quinn existieron muchas decepciones: las mujeres que siempre significaban desamores; los otros chicos que le lanzaban cargadas como dagas. En los boyscout encontró un refugio, un mundo de aventuras, un espacio en el que podía ser líder. El heavy metal le dio un marco donde dejar broncas.

Sin embargo, este último año había significado un cambio. El nuevo colegio vino acompañado de nuevos amigos. Por fin un grupo. Él era parte del grupo, ya no observador. Y ese grupo le permitió ir al viaje de egresado, ése que sus antiguos compañeros le habían prometido que no tendría. Ese grupo le dio una fiesta sorpresa en su día de cumpleaños número 18 y ese puñado de adolescentes sería el que más lloraría su muerte.

Pero volvamos al 12 de noviembre; que Quinn aún prepara su bicicleta, saluda a la madre que le dice que se vaya en colectivo, que el día está gris y hubo una leve pero fastidiosa llovizna. Por supuesto que no imagina que ese beso a su mamá va a ser el último y que ella no volverá a verlo con esa sonrisa que hacía para tranquilizarla.

Quinn se apuró porque llegaba tarde a la escuela. La avenida Hipólito Irigoyen estaba cargada, como siempre. En última instancia para eso están las empresas automotrices, porque hay que vender autos cada vez más veloces y más imponentes, mientras las carreteras superpobladas permiten un tránsito cada vez más lento.

Claro que Quinn no pensaba en esto porque llegaba tarde al colegio. La bicicleta le permitía recorrer los espacios entre los autos parados, como si la distancia entre ellos marcara un pequeño camino que él podía recorrer sin problemas. Lo único dificultoso era ignorar esa insoportable garúa.

Pero algo salió mal. Los peritos dirán que un pozo mal señalizado hizo que el joven debiera hacer una última maniobra y el acoplado de un camión, que también debió esquivar el bache, generó un efecto de succión que no le dejó a Quinn otra opción que caer debajo de las ruedas.

¿Habrá existido una milésima de segundo de conciencia de la caída misma? ¿Mariano habrá sentido que se deslizaba en un pozo sin fondo del que ya no regresaría? Preguntas inútiles, pues no tienen respuesta, pero inevitables, finalmente, porque seguimos siendo tan ignorantes en asuntos de la muerte como lo éramos siglos atrás.

Podríamos imaginar que si Quinn hubiera tenido lugar para el privilegio de quienes –según dicen- ven pasar frente a sus ojos su vida entera como un desfile, habría pensado sin dudas en un bajo. Le faltaba tan poco para llegar a juntar peso a peso el dinero para el preciado instrumento. Pudo haber pensado en sus amigos, quienes aún ni imaginaban que dos horas después un hombre sin experiencia en comunicar dolorosas muertes les lanzaría como una daga: “Mariano Quinn murió en un accidente, ahora hay que estar fuerte por su familia”, sin saber que ellos eran, en parte, su familia que también se disponía a sufrir por la trágica pérdida.

¿Habrá pensado Quinn en su madre? Esa mujer que en este momento corre al enterarse de la noticia de que su hijo tuvo un accidente a unas veinte cuadras de casa. Pero Quinn ya no estaba. Sólo quedaba un cuerpo abierto en la zona del abdomen, con sus órganos desperdigados como la pulpa de una uva madura que fue aplastada con dos dedos.

Y ya está aquí su madre llorando escandalosamente sobre el cuerpo. Se niega a creer lo que pasó, su hijo no está muerto y debe estar en algún otro lugar, quizás la escuela o la casa. Pero no. Es ese pedazo amorfo que está entre sus manos, con la cara intacta pero el cuerpo destruido.

¿Será verdad que Quinn sigue vivo en la memoria de quien lo recuerda?, quizás sea una de esas mentiras que se dicen para hacer sentir menos mal a las personas que quedan vivas; porque, en última instancia, deben sentir culpa por no haber sido ellos los elegidos para morir en tan inútil circunstancia.

¿Y dónde van los sueños de este adolescente de 18 años? Sus ganas de estudiar Filosofía y Letras, su traje de scout, sus ganas de que sus hijos le dijeran “tío” a sus amigos, las primeras vacaciones en Gesell, su Dios.Pero para qué hacerse tantas preguntas sobre una persona o una idea de persona, cuando las cenizas de lo que fue su cuerpo descansan en una maceta del patio de su madre.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas veces somos nosotros mismos quienes lo matamos para evadir el lado duro de la realidad y proteger asi nuestras mentes, pero es un hecho que la memoria de quienes recuerdan a Quinn es lo que lo mantiene vivo. Gracias por alimentar la llama de mis recuerdos en este momento, tambien por hacerlo nacer para algunos lectores y revivirlo para otros.

Un abrazo.
Mairon

Anónimo dijo...

Opino igual que Mairon.
Hermoso relato, triste realidad.
Sólo los que vivimos esto o situaciones parecidas pueden entender lo que se siente, lo que se sufre y lo que significa.
Si todos lo recordamos, él nunca morirá. Porque siempre está en nuestras mentes, aunque muchas veces evitemos tocar el tema. Yo sé que ese año no pasó desapercibido para nadie, que ese día es recordado por todos.
Gracias Gus por el homenaje.
Besos para todos!!!
Te amo, hermanito!!!

Lu

Lau dijo...

un recuerdo muy presente, una pérdida muy injusta...


te quiero gus.

Lau

L.Muszalski dijo...

A pesar de que mi relaciòn con Mariano, no fue tan sentida. Se lo recuerda.
Seguramente esta en algun lugar, dandoles aliento para seguìr y que sus hechos hacìa ustedes, vivan dentro PARA SIEMPRE.
Saludos.
Lelu.

Walter dijo...

Muy buena forma de recordar a un amigo, aunque nunca lo conocí, estuve cerca de Gustavo en esos años.
Una abrazo
Tu amigo Cucho

Isabel dijo...

Soy la mama de Mariano, nosotros no podíamos tener bebes y a los 46 años Dios me dio la dicha de quedar embarazada. Fue un hijo muy querido muy deseado, muy mimado, muy cuidado. Por eso quizás era una mama muy pesada. Siempre quería saber donde estaba y con quien estaba.
No me arrepiento de haber vivido para el y su ausencia es un dolor que no pasa.
Estoy orgullosa del hijo que tengo, de lo que sembró.
Yo estoy mal pero peor esta el papá, no vive dura esperando la muerte.
Isabel

Lety dijo...

Desde hace 5 años quiero encontrar la oportunidad de agradecerles, y éste, me parece una muy buena…
Hola chicos, soy Lety, la prima de Nano…No me olvido más el día que cambió de colegio, estaban juntos una tarde charlando, y con el prejuicio de muchos sobre las escuelas de estado, le dije: “Nene..tené cuidado con las juntas ahora… fijate por dónde y con quien andás… no te metas en nada raro… si no querés hablar con tu vieja, hablálo conmigo, pero tene cuidado…
Cómo me confundí!!! …Maldito el día en que me dí cuenta de cuán equivocada que estuve…Y maldito digo, porque justamente fue ese 12 de noviembre…Porque miré a mi alrededor ví y infinidad de caras raras… todas llorando por lo mismo que yo… Qué felíz era Mariano con sus amigos…Esos de la “escuela del estado”…Y también como nombró Gustavo, los chicos del grupo Scout, a los cuales si conocía por haber sido yo quien lo acercó al grupo.
Y bueno, mi agradecimiento básicamente es por esto… por haberlo hecho tan felíz, por este homenaje, por el cariño y el recuerdo de todos…
Y sí… como leí un poco más arriba… Hermoso relato, triste realidad…
Una realidad que aún sigue estando tan latente y sigue tan dolorosa como hace 5 años…Porque todavía creo verlo por la calle… trato de imaginar su cara, ahora… ya siendo un hombre… trato de imaginar que sería de su vida, una realidad que hace que casi no pueda entrar a la casa, por no aceptar la idea de esa ausencia…Un realidad que todavía me hace pelear con el de
Aunque viví la pérdida de mi papá y creo hacerla superado…lo de Nano, cuesta mucho… Pero hay que seguir, sacando fuezas de dónde sea…Y pensando el lo feliz que estaría el al sentir que todos lo recordamos con alegría.
Lo conosco desde el mismo día que nació…y la verdad chicos… nunca lo ví tan contento como el último año… y eso es gracias a las personas lindas con quien se juntaba… Gracias por eso… gracias por el recuerdo, por la sonrisa o la lagrima que a cada uno le genere.
En la familia dejo una marca muy grande en cada uno, en sus primas, en sus tios, sus hnos, sus sobris y sobre todo sus viejos… Pero esto… el saber que lo siguen recordando asi, de esta manera, es algo que hace bien…
Me despido con unas palabras que una vez me dijeron…
“… Cuando busque respuestas y los recuerdos me invadan… voy a pensar que en el cielo, un ángel les hacía falta…Por eso a vos, Nano, te eligieron y te entregaron tus alas”
Perdón por la extenso de mis palabras… pero lo necesitaba…
arriba y tratando de entender algo de todo… Gracias a todos y gracias Gustavo el lo escrito.
Besitos.

Anónimo dijo...

ISABEL: gracias a todos, no saben el orgullo que siento al leer lo que escriben sobre Nano, es que yo no habia tomado conciencia de cuanto lo querian. Como se hizo querer¡ El era pura solidaridad, cariño, a la noche me decia "veni mami, sentate al lado mio en la cama y te cuento" y me contaba todo lo que habia pasado en el colegio, en los scout, todo. tenia los valores que nosotros le enseñamos y la filosofia de un scout de ley. No estoy enojada con Dios, creo como lety que necesitaban un angel y por eso se fue. Y como dice una oracion Irlandesa LA MUERTE ES UN CAMBIO DE PRESENCIA, RIAN CON LOS CHISTES QUE REIAMOS JUNTOS, RECUERDENME CON ALEGRIA PORQUE UN DIA A LA VUELTA DE UNA ESQUINA NOS VAMOS A VOLVER A ENCONTRAR.